La vida es una mala noche en
una mala posada.
Santa Teresa De Jesús (1515-1582)
Al final de sus días lo comprendió todo: había vivido sin vivir.
Santa Teresa De Jesús (1515-1582)
Al final de sus días lo comprendió todo: había vivido sin vivir.
Intentó buscar sentido a su longeva vida.
Su paso por la misma había estado lleno de alegrías y tristezas, más estas que aquellas. Pero en un primer momento pensó que era lo normal. Todo ser vivo que conocía en su entorno era análogo a su devenir terrenal. Era lo que aprendió en la escuela: nacer, crecer, reproducirse y morir.
Había sido un ser vivo de libro. Pero solo eso.
Guiado desde bien pequeño hacia la búsqueda de una seguridad en la vida, su vida fue seguridad.
Papá y mamá cuidaron de él hasta que acabó sus estudios universitarios de Magisterio. Estuvo seguro.
Contrajo un primer y eterno matrimonio con su trabajo: maestro de enseñanza infantil en un colegio público (pensaba: "los niños pequeños se quejan poco, suelen ser agradecidos"). Seguridad. Gracias al examen realizado ya tenía la seguridad de que no se le iba a examinar jamás.
Tras tres años de convivencia en común, su segundo matrimonio fue con una compañera del colegio. Tenía la seguridad de que tras la experiencia prematrimonial, su matrimonio sería seguro y eterno, como el primero. Gran boda católica. Un año duró.
Antes de la ruptura había logrado reproducirse en una preciosa niña, la cual fue rápidamente aceptada por su pareja de su tercer matrimonio, si bien segundo, a los efectos de todos sus conocidos. Gran boda civil, aunque con cierto y patético parecido al rito católico: ¡qué bonita boda laica! ¡Cuántos poemas!
Cosas de la vida, su segunda mujer de su tercer matrimonio lo dejó por una chica de muy buen ver.
Era evidente que la seguridad de la sociedad conyugal no era suficientemente segura.
Tras ello decidió vivir una vida más segura en torno a su primer y seguro matrimonio, el cual le procuraba alimento y desahogo carnal, vacaciones en las diferentes estaciones del año y posibilidad de ver a su hija y a su hija reproducida.
Llegó el momento final y claramente se dio cuenta de que la vida se había ido.
La seguridad le impidió poder dar sentido a su vida.
Había pasado por la vida sin vivirla.
No dejó nada para su recuerdo.
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