Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778)

lunes, 29 de octubre de 2012

QUINTO DÍA: METAS

Quien no se propone hacerlo perfecto, no logrará hacerlo bien.
Oliver Cromwell (1559-1658)

Esfuerzo, sufrimiento. Tan solo los tuvo, respectivamente, para preparar la oposición a su primer matrimonio, y en la espera del resultado esperado. Después, fue la norma: dejarse llevar.

Pero una vez conseguido el objetivo, ¿qué?
Siempre pensó que esfuerzo y frustración van cogidos de la mano. Casi nunca el esfuerzo se ve recompensado. Es más, ¿para qué esforzarse, si dispones sobradamente de aquello que te permite vivir bien? ¿La gente no se da cuenta de que es más que probable su fracaso? ¿La gente es tonta o qué?
Hay que palabras que parecen que están vetadas en el diccionario de la “nueva lengua”: esfuerzo, excelencia. La excelencia es palabra denigrada por sectores tendentes a la homogeneización social, en la que el individuo que busca un fin complejo al que se puede llegar mediante el esfuerzo es tratado de antisocial, clasista, hereje de la religión laica. Un ser perfectamente prescindible, prescindible en la hoguera del pensamiento único, condenado a vivir en el redil o desterrado de cualquier reconocimiento de la colectividad.
Es el triunfo de los mediocres, de aquellos que prescinden de la excelencia y del esfuerzo para llegar a ella. Es el asesinato de la naturaleza propia del ser humano en ¿beneficio del pueblo?
Excelencia. Esfuerzo.
Se cuenta la historia de un hombre que quiso creer en sí mismo, que quiso ser un hombre. No quiso quedarse en lo que aparentemente sería su vida, una triste vida. Se impuso un gran reto a superar.
Este hombre nació allá por el año 1909, y un día de invierno, cuando tenía ocho años, la estufa del aula en la que estudiaba ardió. En el incendio murió su hermano mayor, y él sufrió gravísimas quemaduras en toda la parte inferior de su cuerpo. Increíblemente sobrevivió al incendio, pero perdió parte de la musculatura de sus rodillas y piernas, así como la totalidad de los dedos de su pie izquierdo. Dada la envergadura del daño, estaba condenado a quedar inválido para el resto de sus días.
Pero él no lo quiso. Día a día intentó mover las piernas; a cada movimiento le sucedió otro; más tarde, logró caminar con mucha dificultad; tiempo después, caminaba mejor. Al final, incluso pudo llegar a corretear.
En la universidad formó parte del equipo de atletismo. Y, en 1932 y 1936, formó parte del equipo de atletismo de los Estados Unidos. En la Olimpiada de 1936, batió el récord del mundo de los 1.500 metros, pero fue superado por otro corredor.
Pero el niño que iba a quedar inválido, Glenn Cunningham, fue el norteamericano que corrió esa distancia más rápido que ningún otro.
Tras trabajar como director de educación física en la Universidad, fundó con su mujer un centro para ayudar a jóvenes desfavorecidos. Y murió, con la satisfacción de ver recompensado su esfuerzo, en 1988.


domingo, 21 de octubre de 2012

CUARTO DÍA: NO VIDA

Realmente no sabía que había dos partes en el tema del aborto.
Norma McCorvey (1947-)  (*)


Para cada persona, la vida es una sucesión de hechos.
En el momento de su final brotaban a su memoria infinitud de vivencias que le hacían reflexionar.
Si bien había reflexionado bastante poco a la largo de su vida, era porque él no lo había deseado; no se lo había planteado, pero comprendía que ahora podía. Y en ese momento podía hacerlo porque era consciente de su existencia.
Intentó llegar al recuerdo más antiguo: cuando apenas tenía tres años, paseando con su madre y sus dos hermanas, en una mañana soleada de otoño. Eso es todo lo que recordaba. Pero estaba seguro de que había más vivencias, aunque no las recordara, pues había nacido. Pero, y ¿antes de nacer? Eso era incapaz de recordarlo. De hecho, nadie ha sido nunca capaz de recordarlo.
Reflexionó sobre ello y lo entendió claramente.
La clave, como siempre, estaba en la religión que él, y la gran mayoría, profesaba: la religión laica, la religión de la verdadera libertad, la religión de la verdadera democracia, la religión del rebaño.
El Cristianismo, pensamiento que había sido el hilo conductor del devenir histórico occidental, debía morir, de hecho agonizaba, y ser sustituido por la religión materialista que era indubitada. Entre los derechos de la religión terrenal estaba el del aborto, palabra realmente dura que había sido sustituida por un conjunto de palabras que disculpaban a la anterior: interrupción voluntaria del embarazo.
Era costumbre de la religión laica, globalmente admitida, la utilización de nuevas palabras o circunlocuciones que dijeran sin decir, o, incluso, la modificación del diccionario.
Él nunca consideró morir al hecho de no nacer. Pero en su trance final pensó que probablemente ese hecho de nacer podría ser un hecho más dentro de la propia vida, pues ¿se puede nacer de la nada?
Entendió claramente que nacer es un hecho de un todo vital, y que la propia vida empieza en el momento en que se produce la primera unión exitosa que permita el alumbramiento.
Que no pudiera recordar lo que había sido con anterioridad a esa tarde de otoño cuando tenía tres años, no significaba que no hubiese vivido esos años previos. Que no recordara lo que había sido antes de nacer no quería decir que no hubiese estado vivo previamente a su nacimiento. Simplemente era otra forma de vida, con otras necesidades y otras realidades, pero era vida, vida previa. Era un hecho dentro de la sucesión de hechos de su vida.
Lo vio claro: la religión terrenal, la materialista, la religión de la manada, la religión laica, había conseguido, sin duda, convertir el acabar con la vida en un derecho. Ese derecho que negaba la posibilidad de tener recuerdos a una vida exitosa ya iniciada.


(*)Norma es más conocida como "Jane Roe".
Jane Roe fue la persona que originó el cambio legal del Aborto en los Estados Unidos de América, reconociéndose como un derecho constitucional en el año 1973.
En ese año, Norma sostuvo que su embarazo fue el resultado de una violación.
Tras el paso de los años confesó que no fue cierta tal violación y, que realmente se había convertido en un medio de dos abogadas para conseguir el fin del cambio legislativo.
En el año 1995 Norma se convirtió al Cristanismo.
En 2005 pidió que revisaran el fallo de 1973, argumentando los daños psíquicos que el aborto ocasiona en las mujeres, pero la petición fue denegada.
Si bien durante el juicio del año 1973 solicitó que le practicaran el aborto, Norma nunca lo realizó. Dio a luz a la primera de sus tres hijas, Melissa. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

TERCER DÍA: VACÍO

Es imposible que una cosa tan natural, tan necesaria y tan universal como la muerte pueda haber sido destinada a la humanidad, por la providencia, como un mal.
Jonathan Swift (1667-1745)

Recordó a su madre. 
Feliz en el último día.
Cuando ella murió comprendió que su propia vida estaba encaminándose a lo inevitable. A partir de ese día empezó a recordar las enseñanzas de su niñez. Estaban olvidadas, pues no eran necesarias, pero el final de su madre le produjo un escalofrío.
Imaginó el mundo sin su propia existencia. Notó un gran vacío en su pecho, como un ahogo. Nada. No había nada. Desesperanza. Igual que dudó en su juventud, y acabó negando su religión materna, ahora empezaba a dudar de su religión incuestionable. La religión de la manada a la que pertenecía: la religión laica.
Era incuestionable que la muerte es el final. La religión laica así lo expresaba, tajantemente. No puede existir nada tras el final, pues no existe explicación racional a la existencia de una vida tras la muerte física.
Hasta hacía bien poco, la religión de su madre tenía que ver con la totalidad de las actividades mundanas, de manera que la religión era su propio ser. Vida y alma indisociables, no se toleraba la división. El que no estaba de acuerdo con esta idea no era un verdadero ser humano en su integridad. Se le desterraba por impío. 
La religión opuesta a la razón.
Negada la religión se instaura la razón, que atiende a verdades objetivas u objetivables. La nueva religión laica consiguió una nueva sociedad, de la que él formaba parte indubitable, en la que todos los miembros de la manada laica pudieron desarrollarse en libertad, sin ningún tipo de coacción, sin imperativos externos. Cómo no podían verlo los seguidores de la anterior religión.
Ahora, la religión de la manada tenía que ver con la totalidad de las actividades mundanas, de manera que la religión laica era su propio ser. No existía alma. El ser humano era libre. Pero curiosamente, como la antigua religión de su madre, tampoco toleraba la discrepancia. El que no estaba con esta idea laica no era un verdadero ser humano en su integridad. Se le desterraba por alienado.
Pero su madre murió feliz.
Quería recordar lo aprendido de niño y ya olvidado.
Se dio cuenta de que las diferencias entre la cristiana muerte de su madre y la laica muerte de los integrantes de la laica manada eran la esperanza frente a la desesperanza, la felicidad frente al más absoluto de los vacíos.

domingo, 7 de octubre de 2012

SEGUNDO DÍA: UNO

No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres. Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos.
Ayn Rand (1905-1982)

Conforme iba llegando al final de sus días tuvo tiempo para recordar lo absurdo de su vida. Siempre influenciado por los que le rodeaban, vio claramente el sinsentido de formar parte del todo sin tener conciencia de ser parte.
Se acordó del compañero de colegio que llegó a ser el socio fundador de una importante empresa tecnológica con sede en el país de las oportunidades.
En aquel tiempo había determinados vocablos que no existían pero el concepto era análogo. Otrora raritos, hoy frikis.
La influencia del todo era tan evidente que, tanto él como la práctica totalidad de los que le rodeaban, eran incapaces de concebir la singularidad de algunos. Aquellos que no compartían sus creencias, usos, costumbres y modos eran rápidamente descalificados, negados, expulsados de la manada.
Para ellos lo más importante era el grupo. Todos y cada uno de sus miembros debían seguir todas las reglas a las que obligaba el grupo, aquellas reglas explícitas, pero sobre todo las reglas tácitas.
Las reglas que el grupo daba por conocidas eran las más importantes. Con el paso de los años, las reglas tácitas se convirtieron en lo conocido por el grupo (ahora llamado pueblo) como “lo políticamente correcto”.
Al final de sus días comprendió que estos seres singulares, únicos e individuales, habían llegado a hacer más por la sociedad, por la manada de la que él siempre había formado parte, que los propios elementos que la constituían, pues estos se habían conformado con la seguridad de pertenecer a la misma y no ser excluidos, mientras que aquellos, mediante su esfuerzo, trabajo y superación, habían logrado desarrollar investigaciones y estudios conducentes a la existencia de nuevos bienes y servicios que, si hubiese sido por la mentalidad que se les había inculcado desde su infancia, jamás hubiese podido imaginar que pudieran llevarse a cabo.
Era ya tarde para poder cambiar su historia, pues la Historia es. Pero entendió perfectamente que el friki, otrora rarito, fue siempre más libre y comprometido que él, uno más del rebaño.