No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres. Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos.
Ayn Rand (1905-1982)
Ayn Rand (1905-1982)
Conforme iba llegando al final
de sus días tuvo tiempo para recordar lo absurdo de su vida. Siempre
influenciado por los que le rodeaban, vio claramente el sinsentido de formar
parte del todo sin tener conciencia de ser parte.
Se acordó del compañero de
colegio que llegó a ser el socio fundador de una importante empresa tecnológica
con sede en el país de las oportunidades.
En aquel tiempo había
determinados vocablos que no existían pero el concepto era análogo. Otrora
raritos, hoy frikis.
La influencia del todo era tan
evidente que, tanto él como la práctica totalidad de los que le rodeaban, eran
incapaces de concebir la singularidad de algunos. Aquellos que no compartían
sus creencias, usos, costumbres y modos eran rápidamente descalificados,
negados, expulsados de la manada.
Para ellos lo más importante
era el grupo. Todos y cada uno de sus miembros debían seguir todas las reglas a
las que obligaba el grupo, aquellas reglas explícitas, pero sobre todo las reglas
tácitas.
Las reglas que el grupo daba
por conocidas eran las más importantes. Con el paso de los años, las reglas
tácitas se convirtieron en lo conocido por el grupo (ahora llamado pueblo) como
“lo políticamente correcto”.
Al final de sus días comprendió
que estos seres singulares, únicos e individuales, habían llegado a hacer más
por la sociedad, por la manada de la que él siempre había formado parte, que
los propios elementos que la constituían, pues estos se habían conformado con
la seguridad de pertenecer a la misma y no ser excluidos, mientras que
aquellos, mediante su esfuerzo, trabajo y superación, habían logrado
desarrollar investigaciones y estudios conducentes a la existencia de nuevos
bienes y servicios que, si hubiese sido por la mentalidad que se les había
inculcado desde su infancia, jamás hubiese podido imaginar que pudieran
llevarse a cabo.
Era ya tarde para poder cambiar
su historia, pues la Historia es. Pero entendió perfectamente que el friki,
otrora rarito, fue siempre más libre y comprometido que él, uno más del rebaño.
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