Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778)

domingo, 7 de octubre de 2012

SEGUNDO DÍA: UNO

No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres. Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos.
Ayn Rand (1905-1982)

Conforme iba llegando al final de sus días tuvo tiempo para recordar lo absurdo de su vida. Siempre influenciado por los que le rodeaban, vio claramente el sinsentido de formar parte del todo sin tener conciencia de ser parte.
Se acordó del compañero de colegio que llegó a ser el socio fundador de una importante empresa tecnológica con sede en el país de las oportunidades.
En aquel tiempo había determinados vocablos que no existían pero el concepto era análogo. Otrora raritos, hoy frikis.
La influencia del todo era tan evidente que, tanto él como la práctica totalidad de los que le rodeaban, eran incapaces de concebir la singularidad de algunos. Aquellos que no compartían sus creencias, usos, costumbres y modos eran rápidamente descalificados, negados, expulsados de la manada.
Para ellos lo más importante era el grupo. Todos y cada uno de sus miembros debían seguir todas las reglas a las que obligaba el grupo, aquellas reglas explícitas, pero sobre todo las reglas tácitas.
Las reglas que el grupo daba por conocidas eran las más importantes. Con el paso de los años, las reglas tácitas se convirtieron en lo conocido por el grupo (ahora llamado pueblo) como “lo políticamente correcto”.
Al final de sus días comprendió que estos seres singulares, únicos e individuales, habían llegado a hacer más por la sociedad, por la manada de la que él siempre había formado parte, que los propios elementos que la constituían, pues estos se habían conformado con la seguridad de pertenecer a la misma y no ser excluidos, mientras que aquellos, mediante su esfuerzo, trabajo y superación, habían logrado desarrollar investigaciones y estudios conducentes a la existencia de nuevos bienes y servicios que, si hubiese sido por la mentalidad que se les había inculcado desde su infancia, jamás hubiese podido imaginar que pudieran llevarse a cabo.
Era ya tarde para poder cambiar su historia, pues la Historia es. Pero entendió perfectamente que el friki, otrora rarito, fue siempre más libre y comprometido que él, uno más del rebaño.


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