Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778)

sábado, 8 de diciembre de 2012

DA ASCO SER ESPAÑOL


Bienaventurados los perseguidos por causa de la Justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. San Mateo 5,10

Lo peor de España somos los españoles.
Y esto es así, pues muy pocos españoles leen algún texto si tiene más de 20 palabras. No van más allá de un tweet o de un breve titular de alguna página web. No creo que nadie pierda el tiempo en leer este breve texto. Claro está, raro es el español que lee al menos un libro en su vida. No busquemos nada dentro de un español ad hoc, pues no lo encontraremos.
Se puede decir que no es justa ninguna generalización, que cada persona es diferente, pero en esta España, que es lo único que tristemente conozco, absolutamente todos generalizamos, somos así de borregos, y así nos va, y así es y será nuestra lamentable historia.
Nadie, o casi nadie leerá lo que escribo, pero tengo necesidad de escribirlo y expresarlo, pues lo siento como algo mío, pues algo parecido me ha ocurrido y él es mi amigo.

Los controladores aéreos son unos asquerosos, son malas personas, son unos multimillonarios de mierda. Son unos privilegiados. Y encima hacen huelga. Mes de diciembre de 2010.
Nadie se para en conocer la versión del otro. En España, nunca. El político y sus voceros de turno se encargan de proclamar a los cuatro vientos “su verdad” sobre los controladores aéreos españoles. Y todos “balamos” (para el español medio, que no creo que haya llegado hasta este punto en la lectura de este texto, balar es el sonido que hace la oveja), y decimos lo del oficio de las madres de los controladores. Nadie nos paramos a pensar o indagar por qué ganan mucho más dinero que otro español. Nadie se interesa por saber si lo ganan porque ellos lo han decidido o porque “se lo han decidido”. Nadie se interesa por saber cuántas horas trabajan o por saber cómo trabajan. Nadie. Balamos al son de los políticos y sus secuaces de la prensa.

Un controlador aéreo es una persona. Al igual que los españoles (aunque en esto tengo mis empíricas dudas), ninguno es igual a otro, pues cada ser humano es único e irrepetible. Sí, parece increíble, pero hasta todos aquellos “baladores” profesionales son distintos entre sí, o tienen la capacidad de serlo, aunque ellos no lo sepan.
Si este controlador aéreo hubiese tenido la oportunidad de ejercer su derecho constitucional de huelga (¡ja!, constitucional es solo aquello que “los constitucionales” dicen que es), yo no sé si lo hubiese ejercido. Pero él no tuvo oportunidad de decidir, pues estaba en otros dolorosos menesteres: la muerte de su padre.
Su padre, una buena persona que no llegué a conocer en profundidad, pero que sé que se vistió siempre por los pies, y así, junto a su mujer, educaron a su único hijo: como un hombre (en género gramatical neutro, como una persona honorable, que es lo que se supone que ha de ser siempre una persona). Y ese hijo estudió su carrera de económicas, pero la vida le llevó, por circunstancias propias de la vida de cada uno, al aeropuerto de Valencia, donde se formó como controlador aéreo. Fue de un aeropuerto a otro y conoció a la que hoy es la madre de sus dos hijas. Y son felices. Pero este hombre fue educado como tal, en la Justicia y en el Amor. Solo existen esos dos conceptos para ser un hombre (género gramatical neutro). Y esos dos conceptos llevan irremediablemente al odio de los españoles tipo. Ningún español cree que exista un español que no tenga un precio, pero vaya si los hay. Yo conozco a dos: él y yo. Y por ello hemos sido víctimas de increíbles trampas que intentan hacerte la vida invivible.

Mi caso no viene al caso, ya será contado, pero el suyo podéis leerlo en el siguiente enlace: Aena oculta la verdad

Pero sigue todavía perseguido por causa de la Justicia, pese a las pruebas.
Pero es un controlador aéreo, y los españoles ya hemos dictado sentencia: ¡CULPABLE!
España siempre ha sido así, los españoles somos así: damos asco.

Aunque nos vemos poco, muy poco, E.C.C., sabes que te queremos.


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