Jonathan Swift (1667-1745)
Recordó a su
madre.
Feliz en el último día.
Cuando ella
murió comprendió que su propia vida estaba encaminándose a lo inevitable. A
partir de ese día empezó a recordar las enseñanzas de su niñez. Estaban
olvidadas, pues no eran necesarias, pero el final de su madre le produjo un
escalofrío.
Imaginó el
mundo sin su propia existencia. Notó un gran vacío en su pecho, como un ahogo.
Nada. No había nada. Desesperanza. Igual que dudó en su juventud, y acabó
negando su religión materna, ahora empezaba a dudar de su religión
incuestionable. La religión de la manada a la que pertenecía: la religión
laica.
Era
incuestionable que la muerte es el final. La religión laica así lo expresaba,
tajantemente. No puede existir nada tras el final, pues no existe explicación
racional a la existencia de una vida tras la muerte física.
Hasta hacía
bien poco, la religión de su madre tenía que ver con la totalidad de las
actividades mundanas, de manera que la religión era su propio ser. Vida y alma
indisociables, no se toleraba la división. El que no estaba de acuerdo con esta idea no
era un verdadero ser humano en su integridad. Se le desterraba por impío.
La
religión opuesta a la razón.
Negada la
religión se instaura la razón, que atiende a verdades objetivas u objetivables.
La nueva religión laica consiguió una nueva sociedad, de la que él formaba
parte indubitable, en la que todos los miembros de la manada laica pudieron
desarrollarse en libertad, sin ningún tipo de coacción, sin imperativos
externos. Cómo no podían verlo los seguidores de la anterior religión.
Ahora, la
religión de la manada tenía que ver con la totalidad de las actividades
mundanas, de manera que la religión laica era su propio ser. No existía alma. El
ser humano era libre. Pero curiosamente, como la antigua religión de su madre,
tampoco toleraba la discrepancia. El que no estaba con esta idea laica no era un verdadero
ser humano en su integridad. Se le desterraba por alienado.
Pero su madre murió
feliz.
Quería recordar lo aprendido de niño y ya olvidado.
Se dio cuenta de que las diferencias
entre la cristiana muerte de su madre y la laica muerte de los integrantes de la laica manada eran la
esperanza frente a la desesperanza, la felicidad frente al más absoluto de los
vacíos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Expresa libremente tu comentario.